Premio Internacional de Poesía Negra fue asignado a estudiante de ULA Táchira

Amarú Vanegas, poeta galardonada en Cartagena y España este año; estudiante de postgrado de la ULA  (Foto: Púrpura Poesía).

** La ganadora del Premio Internacional de Poesía Negra Candelario Obeso estudia en ULA Táchira la Maestría de Literatura Latinoamericana y del Caribe. Publica desde el año 2001; es ingeniera industrial y actriz de teatro.

 

Este año se ha sido buena la cosecha. La poeta y actriz Amarú Vanegas obtuvo dos premios internacionales de poesía, y destacó en un impactante recorrido teatral por el occidente de Venezuela y por Bogotá.

 

Desde las montañas tachirenses, las pulsaciones de la afrodescendencia rigen la pluma de Amarú Vanegas, quien se asume heredera de la cultura africana. Prueba de esa convicción es que este año obtuvo el Premio Internacional de Poesía Negra Candelario Obeso, en Cartagena. Amarú estudia el último año de la Maestría en Literatura Latinoamericana y del Caribe que dicta la ULA. Sin duda, la escritura literaria es para “Amarú Mond” Vanegas parte de su identidad. Es ingeniera industrial graduada en la UNET, y la ejerce desde su propia empresa.

 

- ¿Cómo es que una poeta nacida en las montañas andinas escribe tan buena poesía negra, merecedora de un premio internacional?

- Amarú: “El Premio  Internacional de poesía, Candelario Obeso, lanzado en Cartagena, fue creado para aquellas personas que se reconocen como afrodescendientes en Colombia y en América Latina. Efectivamente es una curiosidad que alguien de los andes postulara a dicha convocatoria, tomando en cuenta la distancia que separa geográficamente al Táchira del Mar Caribe. Para mí fue una sorpresa encontrarme con este concurso ya que desde el año 2013 y durante el 2014 y 2015  venía trabajando con un poemario sobre temas afines; este poemario no tenía aún un nombre que diera forma exacta a su espíritu, pero sus poemas tenían una cosa en común: La influencia de mis lecturas y acercamientos a poetas y narradores del Caribe a los que llegué a conocer durante mis estudios en los seminarios Literatura del Caribe I y II que forman parte del pensum de estudios en la Maestría de Literatura Latinoamericana y del Caribe.

 

Obra ganadora del Concurso de Poesía Negra en Cartagena, este año. 

 

Antes de cursar estas materias, confieso que mi imagen del Caribe se remontaba a una postal de palmeras, mares soleados y piña colada. Leer a Jamaica Kincaid, Derek Walcott, Maryse Condé, Germán Arciniegas, Édouard Glissant, Aimé Césaire, entre muchos otros, despertó algo más que la curiosidad literaria, despertó la intuición de que esas historias no me eran ajenas en lo absoluto, porque cada palabra me hablaba de una memoria hereditaria y me conmovía en toda la resonancia de sus letras vivas. Sentí mías esas palabras, esos padeceres, el sentido de pertenencia hacía las tradiciones caribeñas, la riqueza de cada vocablo, aquello que reconoces tuyo en cualquier rincón del planeta: tu humanidad. Nuestra sangre es un cauce donde convergen muchas aguas y la sangre negra late en cada venezolano que se atreva a cerrar los ojos y escuchar como su cuerpo entero responde al sonido de un tambor. Porque en cada uno de nosotros existe ese latido, esa melodía, no como algo remoto sino como una convicción.

 

Lo que determinó el título de mi poemario “Dioses Proscritos” fue definitivamente la lectura de los textos de Michaelle Ascencio, antropóloga y escritora venezolana, que nos legó una imagen contundente de su mirada a los procesos humanos del Caribe. En alguna ocasión escribió algo maravilloso: “Cuando los hombres y las mujeres parten, aunque no lleven nada, parten con sus dioses, con sus símbolos y con sus recuerdos”.  Así nuestros antepasados africanos trajeron sus creencias con ellos y a pesar de todos los métodos empleados para erradicar su fe, los dioses negros no pudieron ser desterrados, ellos permanecieron y aún palpitan mezclados en el prodigioso sincretismo religioso del que somos hijos.

“Dioses Proscritos” es entonces un tributo a mis antepasados, pero no sólo a mis antepasados negros, es un poemario que toca los bordes y la crudeza de la violencia en múltiples aspectos, en la frontera, en el amor, en lo cotidiano".

 

El Premio Internacional de Poesía Candelario Obeso obtenido por Amarú Vanegas es auspiciado por el Festival de Poesía Negra y Cantos Ancestrales y Fundación Nuevo Amanecer Afro. El veredicto del jurado fue publicado el 29 de agosto de este año, y la premiación se realizó el 13 de Septiembre en Cartagena de Indias. Antes, Amarú ya había ganado el 3er lugar en el V Concurso de Relatos SttoryBox (España, 2016), convocado por España Criptofasia, poemario que ha sido recientemente publicado.

 

Amarú Vanegas describe su poesía como lejana de lo bucólico y lo sosegado: “Es una pincelada que enaltece la belleza de la tragedia cotidiana, lo desgarrador, lo que pareciera no tener belleza… toma del dolor su mejor vibrato y lo transforma en una manera de expresión. Mi poesía no busca compasión, buscaría en todo caso subvertir la complacencia y hallar su propio camino desde el reconocimiento de esa verdad oscura, que habita en cada ser humano”.

 

 

Admira la obra de Rimbaud, Lord Byron, Verlaine, Baudelaire, Mallarmé, Corbière, Pessoa, Alejandra Pizarnik, Joumana haddad, Mascha kaleko, Ezra Pound, Lêddo Ivo, Eugenio de Andrade, Gonzalo Arango, Andrés  Caicedo, Eugenio Montejo, Ramos Sucre, Chantal Maillard, Hugo Mujica, José Watanabe, Vicente Huidrobo, Alfredo Fressia, Paula Simonetti, Luis Moreno Villamediana, Sergio Laignelet, El conde de Lautréamont, César Vallejo, José Parilla, Maurizio Medo, Gloria  Anzaldúa, María Calcaño, entre otros.

Desde hace dieciséis años ha publicado y concursado con el producto de cinco escritos, que van de la poesía, a los relatos y una pieza teatral:

·        

Mortis, Monólogo teatral (Venezuela, 2001)

·        

El canto del pez, Poemario (Venezuela, 2007)

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Híbrida, Poemario en la antología 8 Mulheres en portugués y español (Brasil, 2015)

·        

Criptofasia, Relato ganador del 3cer lugar en el V Concurso de Relatos SttoryBox (España, 2016)

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Dioses proscritos, Poemario ganador del primer lugar en el Premio Internacional de Poesía Candelario Obeso (Colombia, 2016).

 

Teatro: cuerpo y energía

 

“Amarú Mond” Vanegas es además actriz de teatro, y ha incursionado en el cine. Actúa y ha hecho dirección escénica: “He invertido muchos años en la preparación del teatro, una maravillosa inversión de tiempo y energía. Hay que hacerse con las herramientas, la técnica y la preparación constante, voz, cuerpo y energía, son los pilares fundamentales y es algo permanente, que requiere entrega y respeto.

El instante de la actuación es algo que no se describe con palabras. Sentir la adrenalina del escenario es algo que sobrepasa cualquier razonamiento, es como una posesión toda la energía que se mueve en las tablas.

Sobre todo me interesa el arte dramático al estilo psicodrama, algo que mueva las emociones del espectador y requiera profundidad en la interpretación”. Tiene unos cuatro años de experiencia en el campo cinematográfico, en el plano de los cortometrajes.

Este año participó desde su plataforma literaria “Púrpura Poesía” en la coproducción y en la actuación de la obra “Irupé”, junto a Puropie Danza Contemporánea y Jhon Galaviz, bajo la dirección general de Liz Pérez. La obra representó a Venezuela en la VII Muestra Internacional de Artes Escénicas “Movimiento Continuo”, celebrada en Bogotá del 24 de septiembre al 2 de octubre de este año.

 

Del poemario “Dioses Proscritos” premiado en Cartagena, Amarú obsequia a los lectores varios poemas. Para adquirir el libro –compuesto de 39 poemas- se puede contactar a Amarú a través de sus redes sociales: @amarumond.

 

Algunos poemas de “Dioses Proscritos”: 

Gestos…

 

Nos han traído la palabra,

la miseria de los exóticos ídolos.

 

Esa voz que pone hierros

para que el canto negro

muera prematuro en la garganta,

deja compases vacíos

y cueros solitarios.

 

Pero el ciclo del mar es sabio,

marchará en sentido contrario

devolviendo las rodillas

y los gestos a su origen;

no en la muerte,

sólo en la libertad.

 

Desplazado…

 

Llueve ácido, grito que nombra.

 

Eco temblando las paredes en las casas de colores.

 

Sí, les han vencido

con el surtido de efectos secundarios,

con la dinamita como colorete de infieles mejillas.

 

Falsa caricia hecha gente,

al ver más cerca, eran minas antipersonas.

 

Allí en la frontera hay gente

aunque parezcan sombras,

se disfrazan desde siempre

para que los cuervos se confundan

y no les encuentren entre el estiércol.

 

Hay hombres sin cabeza

que deambulan con sádicas contorsiones.

 

Como un circo,

bailan al ritmo de pirulín pin pom,

o como dirían los cantantes:

son muertos sin cabeza,

sin pantalón ni camisa,

con las manos en el bolsillo

y una macabra sonrisa.

Los cuervos aplauden

el espectáculo de ojos saltando y brazos rotos,

se ríen como monos

y juegan al baloncesto con pedazos

que se han caído de los no combatientes.

 

Hombres espectrales siguen en fila a sus herederos,

les custodian cuando abandonan el campo

y cruzan la línea limítrofe.

 

Hasta ahí pueden llegar los fantasmas

porque no tienen pasaporte fronterizo

y no les alcanzan los pies para las trochas,

se despiden con manos borradas

y ojos secos de esos seres fangosos

que en un lejano tiempo les llamaron papá, hermano, hijo, esposo.

 

Se plantan en el puente como mástiles de azabache

porque desconocen sus tumbas, no saben regresar a ellas.

 

Ahí es el cielo de los desposeídos,

en idioma nativo se llama, puente internacional.

 

 

Herencia…

 

Los abuelos

cruzaron el mar

y en la voces olvidadas

crecía el germen de la tierra,

húmedo puñado de noches.

 

Duermen los hijos

reyes de pelo crespo.

 

El lecho crujiente habita en sus pieles.

 

Iniciados…

 

El hombre la sentó en sus piernas.

 

Los pies de la niña no rozaban el piso,

su humanidad de 10 años es tan menuda.

 

Empezó a besarla,

la hería con su lengua bífida,

mercenario le apretaba las tetas

con puños acerados y callosos,

poseso la zarandeó fuertemente.

 

Esa víbora dormida la apuntaba como relámpago.

 

Prendió la guerra, le dio su golpe de hacha,

partió su cuerpo entre agonía y goce.

 

Sus entrañas, animal en embestida, se retorcían.

 

A la mujer se le peló la piel de niña

como un cuero de culebra,

se enterró cual lagarto arenoso en la humanidad del hombre.

 

El hombre fue poco

para el fuego que tragaba dedos y abismos.

 

Ella engulle con hambre de otros tiempos.

 

Bruja la mujer, quiso más.

Sacó de su abertura sangrada un anochecer

que devoró al hombre.

El hombre perdió su alma,

se convirtió en gusano en la entraña de la bruja.

 

Vinieron las moscas a cuajar sus huevos en los ojos de ella.

 

La bruja quedó ciega del pululante larvario,

así que los planetas se eclipsaron.

 

Los minutos como agujas rompieron el corazón de la bruja.

Su boca supo a cadáver,

se vistió de muerte y derramó un aguacero.

 

Allí renació la raza humana,

no es verdad que sean del barro,

ni del polvo de las estrellas;

la verdad es que son de la muerte de los otros.

 

Nombre…

 

Vértigo del territorio jamás soñado.

 

Sermón de barro

que teme encontrar sus respuestas.

 

¿Quién eres?

 

¿Acaso un pequeño dios sin trincheras?

 

Abre las puertas

y sácame del laberinto

de tu boca de guerra.

 

Embalsama mi cuerpo,

cruza la lanza

a través de mis aguas

y ahuyenta

a quienes invocan mi nombre.

 

 

Fuego…

 

El fuego siempre tiene hambre.

 

Para masticar a los hombres le bastan

sus dientes de arena roja.

 

Así moldea cuerpo y sombra,

como un herrero que martilla la noche

hasta convertirla en acero.

 

Páramo…

 

Sus ojos

fueron un amplio páramo negro.

 

La criatura

apartó del cepo

su carne descosida,

sacudió los huesos rotos

hasta escurrirse en el fiero cobijo

del bosque de adoquines.

 

Estar muerto

siempre causa

 

una extraña sensación.