La Charlorra: una buena excusa para hablar de investigación académica

Científicos e investigadores de brillante trayectoria en la ULA y el país dan sus aportes en La Charlorra. (Foto: I.B.)

Desde hace cuatro años Mérida cuenta, todos los primeros martes de cada mes, con una conversación animada sobre temas científicos o humanísticos, en un ambiente poco tradicional para estos fines: La Charlorra, una iniciativa en la que los expositores invitados arriman las botellas de vino para montar su computadora y desplegar sus láminas, lleva en su historial cerca de cuarenta charlas sobre temas académicos confundidos con la nocturnidad, amenidades y tintineos de copas.
 No es lo mismo hablar sobre los avances de la investigación académica en un serio auditorio de conferencias, a tener que hacerlo alrededor de una barra, con olores y aromas sugerentes, y un grupo animado de oyentes que generalmente no conocen sobre el tema. Pero esta idea, inserta en la propuesta de divulgación científica, quizás sea más divertida o, al menos, es una excusa para pasarla bien alrededor de “temas serios, pero sin tapujos”.
Esa fue la carta de presentación que hace cuatro años le hicieron los organizadores de La Charlorra, miembros del Centro Nacional de Cálculo Científico (CeCalCULA), a un público cautivo que asistía animadamente a un local nocturno para escuchar, conocer, añadir y discutir sobre un tema abordado científicamente, en un ambiente salpicado de risas, tintineo de copas y preguntas curiosas.
Desde el 7 de octubre del año 2008, la barra del local ha sido testigo de discusiones sobre la creación de células artificiales, las razones del cambio climático, el histórico proceso de regulación de la conducta ciudadana, la importancia ecológica de los murciélagos, el caos y la simetría del arte y las matemáticas, el lado oscuro de la fuerza en Internet, por nombrar sólo unos pocos de los temas abordados.

La participación y el interés por conocer la novedad y el contraste del conocimiento mueve los públicos. (Foto: I.B.)

Siendo el lugar de encuentro una barra de un bar-restaurant de la ciudad, los organizadores le rinden honor al lema: “Confundiendo la gimnasia con la magnesia”, al plantearse una mezcla de conversación académica, matizada con sabores, aromas e informalidades sugeridas por la nocturnidad. El estilo divulgativo de la actividad se inscribe en la tendencia mundialmente conocida como Café Científico, un movimiento convencido de que los espacios informales, con toques de buen humor y ambiente relajado, pueden ser una buena excusa para que los investigadores comuniquen parte de su quehacer académico y éste sea objeto de discusión con un público generalmente no especializado en el tema.

Actualmente el movimiento de Café Científico se genera en más de cuarenta ciudades de Europa y Norteamérica, así como también más recientemente se han insertado algunos países de África y América Latina. En Venezuela una de las iniciativas más exitosas de este estilo, quizás fundadora de este movimiento en el país, ha sido la actividad “Happy Hour con la Ciencia”, realizada en Caracas por el programa de la Asociación Venezolana para el Avance de la Ciencia.
La Charlorra es la primera experiencia en la ciudad de Mérida con características de divulgación, tipo Café Científico; su estilo ostenta visos absolutamente locales en los que la Universidad, los investigadores, la empresa privada y el público en general dan lo mejor de sí para sostener una iniciativa que no ha sido interrumpida durante un período de cuatro años.
Una comunicadora social (Ysabel Briceño), un biólogo (Ascanio Rojas) y una diseñadora (María Eugenia Hernández), todos miembros de CeCalCULA, conforman el equipo organizador estable, encargado de planificar las actividades, seleccionar a los charlorros cómplices (expositores), orientar y diseñar el enfoque de la comunicación de la charla, promocionarla, y atender los aspectos logísticos y técnicos de todos los primeros martes de cada mes. La Charlorra también cuenta con una lista de expertos en diferentes áreas que apoyan en la selección de los expositores.
Divulgar la investigación académica
Con el tiempo, La Charlorra ha ido significando un reto para los expositores, en cuanto a poder comunicar a todo tipo de público el tema al que se dedican. El desafío de hacerse comprensible ante públicos no especializados, combinar en forma efectiva la rigurosidad con lo entretenido y lo novedoso, es parte de la estrategia que les espera a los invitados.
 “Quería mostrar algo novedoso y que a la gente le podía causar interés, algo no convencional de lo que nosotros hacemos... Llegarle a otro tipo de público era importante”, comentó Mario Cosenza, profesor de la Facultad de Ciencias de la ULA, sobre su experiencia en La Charlorra. El ambiente es para los invitados un lugar que obliga a tomar las cosas con una formalidad relativa: “empecé a decir las cosas con seriedad, pero con tono humorístico”, comenta Rafael Cartay, también uno de los invitados a esta iniciativa.
Una de las situaciones que genera más impacto en los expositores es el disenso que suele generarse en el público, acerca del tema planteado. La conformación del  público, no especializado en el tema que se aborda, pero en gran parte conocedor de otras áreas del conocimiento,  suele generar ambientes de desacuerdos con lo que dice el expositor, lo cual es  recibido de distintas maneras por los expositores. “Había gente en pro y en contra.
Me dieron la oportunidad de enfrentarlos. Me gustó. No estoy acostumbrado a que la gente esté de acuerdo con lo que digo, pero si me convencen, yo cambio de opinión”, comenta Jean Louis Salager, profesor invitado de la Facultad de Ingeniería de la ULA. La discusión en ocasiones es un estímulo para los expositores: “Me hicieron más preguntas de las que nunca me habían hecho en una charla académica”, comentó sobre su experiencia Luis Daniel Llambí, ecólogo y profesor invitado.
La Charlorra ya es un lugar reconocido entre la comunidad académica de Mérida y se ha permitido gratificar a los investigadores que quieren divulgar su trabajo. “La Charlorra es ya una tradición y me pareció un honor participar”, comenta Carlos Abad, investigador del Centro de Investigaciones Astronómicas, quien participó como invitado en la Charlorra en abril del año 2010 con una atractiva charla sobre el tiempo.
 Un público variado y curioso
En promedio, cada encuentro cuenta con 40 personas como público, lo que hace estimar más de mil asistentes en todas las sesiones. “Existe un público recurrente en muchas de las sesiones, lo que ha generado incluso personajes que de manera natural destacan dentro del ambiente charlorro (el preguntón, el analista, el histórico…). De manera progresiva, los diversos temas han ido atrayendo personas con perfiles muy variados, que se van rotando en cada sesión.
La Charlorra ha contado con asistentes locales, turistas, universitarios, estudiantes, trabajadores del sector público y privado”, comenta Ascanio Rojas, uno de los organizadores principales de esta iniciativa. Un grueso importante es un público asociado a la Universidad (profesores: 37%; estudiantes: 22%; empleados: 8%). El resto de los participantes está distribuido entre empleados del sector público y privado, según una encuesta realizada por los organizadores hace más de un año.
La alianza con la empresa privada

La empresa privada audaz y conocedora de su entorno se abre a estas iniciativas de divulgación. (Foto: I.B.)

El punto de encuentro de La Charlorra es la Tasca Restaurant La Chistorra. Sin la alianza del personal del Restaurant La Chistorra esta iniciativa quizás hubiera quedado en papel. “Esta empresa es gente cómplice que espera pacientemente celebrar el encuentro del mes”, comenta el organizador Ascanio Rojas. Comprendiendo el lado productivo de la relación Empresa-Universidad, los dueños de este restaurant no sólo aceptaron la propuesta de ser lugar de encuentro para la discusión de temas variados, con proyecciones de temas especializados entre mesas y copas, sino que la han ido transformando con un toque especial, lleno de aromas y degustaciones como recompensa a las ricas discusiones. Mesoneros que participan activamente en las preguntas, cocineros que comparten sabores con los charlorros, académicos que sirven copas. La Chistorra se convierte en La Charlorra una vez al mes, un ambiente único al que sólo se le comprende asistiendo.

Más allá de lo económico, el valor agregado que ofrece La Charlorra para los intereses de esta parte de la cadena es, sin duda, un aporte de gran peso en sostenibilidad de una iniciativa, cuya responsabilidad está compartida entre la Universidad y la Empresa. “Cuando nos presentaron la propuesta nos pareció chévere. Lo económico no me pareció importante. Lo vi como una buena relación con la Universidad y sentía que eso era un buen estatus. La primera convocatoria me dejó loco. ¡Pensé que íbamos a ser 15!  La realidad rebasó mis expectativas. La idea no la tenía tan clara. Pero hasta ahora ha llegado gente de otros lugares y nos comentan sobre La Charlorra. Esta alianza ha sido muy buena... Me siento feliz, contento. A los muchachos (personal del local) les agradan las propuestas que se suscitan acá. Tengo un personal relativamente joven, por eso les gusta La Charlorra. Me siento un espectador, pero también un anfitrión”, comenta Luis Balza, uno de los dueños del local.
Este martes, La Charlorra
Este martes 2 de octubre, el bosón de Higgs será una excusa para celebrar el cuarto aniversario de La Charlorra: “confundiremos así la gimnasia con la magnesia de un universo que ni se acaba, ni se detiene”, dicen los organizadores. La expositora invitada, Alejandra Melfo, se monta por segunda vez a la barra de La Charlorra, esta vez para hablar del rompecabezas de las partículas elementales, a propósito de la inminente existencia del bosón de Higgs. Melfo es físico, con doctorado en Astrofísica, Premio de la Fundación Empresas Polar (2007) y un gran recorrido conceptual en el tema de las partículas elementales. ¿Es el bosón de Higgs la última pieza del rompecabezas? En esta Charlorra se hará una revisión de ese miembro único y especial de la familia de partículas, cuyo papel es fundamental en la teoría científica. (Ysabel Briceño/CeCalCULA).
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