Briceño Monzón: Por ahora la democracia no vive en la conjura sino en “la especulación del reclamar cotidiano”


“Lo contemporáneo de Venezuela surge, de lo viejo y de lo nuevo, porque es un requisito de toda continuidad histórica que lo nuevo se nutra de lo viejo, cuando lo viejo conserva su creatividad, y cuando lo nuevo no es básicamente la breve luz de un relámpago sino el testimonio de la profunda –aunque a veces reprimida– vocación transformadora del hombre en su medio.”

Luis Cipriano Rodríguez

En la Venezuela actual es difícil hacer historia contemporánea, pensando más allá de lo presente, inmediato y reciente que nos incomoda e impresiona, mirar remotamente a nuestro triste horizonte frugal, es difícil, cuando el hambre la percibimos a flor de piel, cuando el sueldo no alcanza para más de tres días de la semana, y donde los funcionarios del gobierno son los seres más cínicos y cretinos que hayan dirigido el país en sus últimos cien años. Es cuando nos preguntamos por qué Venezuela se empobreció en tan solo dos décadas de estatismos socialista que se sintetiza en un neo populismo clientelar, arropado de las regalías de la renta petrolera más rica de América Latina y del mundo.

La democracia se ha convertido en Venezuela en una forma de gobierno, en un modo de vida, que añoramos con nostalgia, en el mejor de los casos, e igualmente se ha constituido en una norma reglamentaria obligatoria y su incumplimiento traerá como consecuencia un aislamiento continental del país. El alejarnos de los principios democráticos básicos de nuestro fundamento constitucional, nos está llevando a una orfandad ineludible ante la comunidad internacional protectora de la democracia y de las libertades fundamentales que estipula cualquier país que garantice a sus ciudadanos el derecho al debido proceso y certifique las libertades elementales.

Los científicos sociales, tienen muchas veces la percepción de intuir algún comportamiento político, el periodista inglés Michael Reid para el 2007, en un ensayo titulado Reto Populista, muy bien expresó: "Hay muchas razones para creer que el efecto de las políticas de Chávez, aunque enmascaradas por la bendición inesperada de los ingresos petroleros, a largo plazo acelerará el deterioro de su país." Creo que lo que estamos viviendo es lo que cosechamos en estas dos décadas de malversación de la renta petrolera que nos ha llevado a otra afirmación de Reid: "La perspectiva que le aguarda a Venezuela podría no ser convertirse en una segunda Cuba sino en una segunda Nigeria: un petroestado fallido."[1]

Nos hemos transformado en un estado fallido, donde el bien común está ausente de nuestro derecho básico de alimentarnos y de querer vivir en tranquilidad y felicidad. Un ciudadano que su sueldo no le alcanza para sostenerse, genera en la sociedad un estado de desánimo y saturación, que será difícil de superar en el corto y mediano plazo. Un gobierno que lo que hace a diario es trasmitir en cadenas nacionales grandes discursos, vacíos de contenidos reales, generando un vicio de la política y un presidente ilusionista que pareciera vivir en otro país, proyecta una hipnosis de mentiras que ni sus propios militantes las creen. Nos volvimos una república literalmente bananera, es decir, que comemos casi exclusivamente bananos o cambures como le decimos tradicionalmente en Venezuela a tan exquisita fruta tropical, que en latitudes templadas es codiciada y saboreada con un deleite que hemos perdido ya todos los venezolanos.

Venezuela  se ha mantenido en forma consuetudinaria hasta nuestros días sobre la base de un conjunto de valores democráticos, que nos han reivindicado un sentir nacional que los distinguimos en nuestro sentidos de pertenencia, procedencia y permanencia. No hay democracia sin pueblo que enfrente el afianzamiento del derecho de poder elegir en libertad  a un nuevo presidente en elecciones transparentes, donde los poderes ciudadanos han perdido toda credibilidad y donde el diálogo democrático brilla por su ausencia, es difícil creer que el actual gobierno pueda ganar de forma honesta unas elecciones con la mala vida en que estamos viviendo los venezolanos, que hemos terminado siendo un país rico muy mal administrado donde la comparación de llegar a transformarnos en un petroestado fallido como Nigeria, parece un realismo mágico que nunca pudimos imaginar los venezolanos que nos quedamos y los que se fueron. (Profesor Claudio Alberto Briceño Monzón)

[1] Michel Reid. El continente olvidado: La lucha por el alma de América Latina. Caracas: Grupo Editorial Norma, 2009, p.235, p.258

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